Home    |    Actividades    |    Links     |    Recursos    |    Fotos    |    Contacto
Editoriales
La identidad bautista en el nuevo milenio
Por la Baptist History and Heritage Society, USA
ampliar tamaño reducir tamaño tamaño normal

Documento para la fe y el compromiso

Cuáles son las bases bíblicas para sostener un gobierno congregacional?
Qué conceptos teológicos dan apoyo al gobierno congregacional?
En una iglesia con gobierno congregacional cuál es la relación entre iglesia y pastor?
Qué pasos debe dar una iglesia para un diálogo honesto entre sus miembros?
Existen prácticas que violen el principio del gobierno congregacional?

En 1607, un pequeño grupo de separatistas Ingleses guiados por John Smyth y Thomas Helwys migró a Holanda para evitar la persecución religiosa. Dos años después, luego de haber estudiado las Escrituras, Smyth llegó a la alarmante conclusión que el bautismo debía ser administrado sólo a creyentes. Entonces él se bautizó a sí mismo, a Thomas Helwys, y a 40 miembros de su congregación. Este fue el comienzo de la primera Iglesia Bautista.

Bautizando a los creyentes sin permiso por parte del gobierno oficial o de un obispo, la congregación de Smyth formó parte del rango de “iglesias libres”. Ellos eran llamados iglesias “libres” porque se negaban a conformarse con las doctrinas y prácticas de cualquier iglesia establecida. Al igual que otros reformadores, los primeros baustistas sintieron que ellos debían poder ordenar sus iglesias y desarrollar sus creencias sobre la base de las Escrituras únicamente.

¿Que es el gobierno congregacional?

Basados en las Escrituras, los baustistas concluyeron que la autoridad para el gobierno de la iglesia debía residir en su congregación. A este tipo de gobierno de iglesia se lo llama gobierno congregacional.

La mayoría de los primeros baustistas eran personas comunes de clase media y baja. Un registro de una iglesia en 1640 menciona a un carnicero, un herrero, un ama de casa y un joven ministro quienes convinieron en conjunto formar una iglesia bautista. Edward Barber, uno de los primeros líderes baustistas, insistió que el Señor lo había educado como un “pobre comerciante” para ir y divulgar la gloriosa verdad concerniente al bautismo. Durante estos diecisiete siglos los baustistas eran llamados “disidentes” y eran considerados como no conformistas porque no se guiaban por un obispo, consejo o tradición para su autoridad. Ellos se guiaban por el Nuevo Testamento.

Los baustistas enseñaban que la congregación local debía tener su autoridad para elegir y ordenar sus propios ministros, para decidir las bases de la membrecía, y para disciplinar a sus miembros. El Congregacionalismo era practicado ampliamente en el Nuevo Testamento. Hechos 13:1-3 describe a la iglesia en Antioquía a cargo de Bernabé y Pablo. Este último motivó a la iglesia de Corintios a hacerse cargo de los problemas internos y actuar decisivamente con su resolución.

La elección de los siete en Hechos 6, la lista de los dones para el ministerio en 1ª. Timoteo 3 otorga evidencia que los miembros de la iglesia en el primer siglo tomaron decisiones clave concernientes al ministerio y el orden. Los primeros baustistas insistieron en ordenar sus iglesias en su interpretación del Nuevo Testamento, un principio de Reforma conocido como Sola Escritura.

Cuando Smyth y Helwys adoptaron el bautismo de los creyentes, esencialmente dos otros modelos estaban siendo practicados para el gobierno de la iglesia. El primer modelo, política episcopal, fue practicado por la Iglesia Católica Romana y la Iglesia de Inglaterra. Los defensores de este sistema jerárquico sostenían que la autoridad para la vida de la iglesia comenzaba con Jesús y los apóstoles. Los Obispos preservaron la enseñanza de los apóstoles, y luego pasaron dicha enseñanza a los obispos más jóvenes, quienes a cambio, pasaron la enseñanza a la generación siguiente.

Este concepto de autoridad de iglesia, llamada sucesión apostólica, surgió en el segundo siglo cuando la iglesia necesitó defender su enseñanza de varias herejías. Los primeros escritores de las iglesias argumentaban que la enseñanza de la iglesia era válida porque los apóstoles habían sido enseñados por Jesús mismo y transferida dicha enseñanza a los líderes de las iglesias.

La amonestación de Pablo a Timoteo por “confiar” sus enseñanzas a líderes confiables (2ª. Timoteo 2:2) provee el mandamiento bíblico para el mantenimiento de la instrucción apostólica. Por lo tanto, los obispos son los sucesores de los apóstoles, y como tales, ellos preservan las enseñanzas de los apóstoles y las mantienen puras para la iglesia. En un sistema episcopal, las congregaciones locales son consideradas una parte de la iglesia sólo si ellos se amoldan a las enseñanzas de los obispos.

Un segundo modelo de gobierno de iglesia era un gobierno representativo o política presbiteriana. Una congregación local elegía presbíteros o personas mayores para gobernar su vida. Cada congregación entonces elegía representantes para servir en un sínodo que gobernaba a los miembros de las iglesias. Aunque las congregaciones no se gobernaban a sí mismas, sí tenían voz en la composición del cuerpo gobernante. Como en el sistema episcopal, la política presbiteriana agrega junto al Nuevo Testamento conceptos de viejas iglesias. Por ejemplo, Pablo y Bernabé estaban a cargo de las iglesias de Antioquía y de otros lugares siendo muy mayores (Hechos 14:23), y Tito mencionó los requisitos de los mayores en Tito 1:5-9.

En contraste con la política presbiteriana o episcopal, los baustistas creen que los miembros de la congregación local deberían gobernarse ellos mismos. A menudo, los baustistas se refieren a este principio de control de la congregación local, como autonomía de la iglesia.

La autonomía de la iglesia local es simplemente la creencia que las iglesias deben gobernarse a sí mismas. El teólogo bautista Stanley Grenz remarcó que los títulos de las denominaciones tienden a reflejar su política. “Cuando la mayoría de grupos hablan de una iglesia nacional o internacional (por ejemplo la Iglesia Presbiteriana), los baustistas generalmente usan términos tales como “conferencia” o “convención” de iglesias” expresa Grenz. “No hay una Iglesia Bautista, sino y únicamente iglesias Baustistas.”

Bases teológicas

George W. Truett, pastor durante mucho tiempo de la Primera Iglesia Bautista en Dallas, Texas, EEUU, dió un sermón en las escaleras del Capitolio de los Estados Unidos en 1920. Este sermón se ha convertido en una presentación clásica de la herencia bautista, particularmente concerniente a la libertad religiosa. Truett insistió que todas las creencias Baustistas giran sobre el Señorío de Cristo. “Esa doctrina es para los baustistas el hecho dominante en toda su experiencia cristiana”, argumentó Truett, “el momento culminante de toda su vida cristiana, el fundamento de toda su política de iglesia, de todas sus esperanzas, el clímax y coronación de todos sus regocijos.”

“Desde esa concepción germinal del Señorío absoluto de Cristo,” dice Truett, “todos nuestros principios baustistas emergen. Nuestras distintas ramas de vida bautista provienen del principio cardinal del absoluto Señorío de Cristo.”

La comprensión bautista de la iglesia está profundamente diseñada por el principio del Señorío en la estimación de Truett. “Cristo es la cabeza de la iglesia,” continúa Truett. “Toda autoridad se ha comprometida ante Él, en el cielo y en la tierra, y a El se le debe dar prioridad absoluta en todas las cosas.”

Relacionados con el principio del Señorío de Cristo existen dos conceptos significativos del Nuevo Testamento: el que compete al alma y el sacerdocio de todos los creyentes. Lo que compete al alma es la idea de que Dios le otorga a los individuos la habilidad de decidir sobre cuestiones de fe por sí mismos. El principio del bautismo de los creyentes asume la competencia del alma.

Los disidentes baustistas en Inglaterra afirmaron que el bautismo “requiere fe como una condición inseparable.” Asume que las personas pueden ser condenadas por sus pecados, se pueden arrepentir, y pueden responder a Dios libremente por la fe. La competencia del alma no es en sí misma autosuficiente; si no que es un regalo de Dios. Cada individuo tiene la libertad de oír el llamado de Dios y para responder a ese llamado en fe porque Dios proveyó la oportunidad.

Los baustistas no sólo afirman que el alma de un individuo es competente para decidir sobre cuestiones de fe; ellos también afirman que las personas tienen libre acceso a Dios a través del sacrificio de Jesucristo. Martin Lutero describe el principio de libre acceso a Dios como el sacerdocio de todos los creyentes.

Los baustistas rápidamente adoptaron este principio de la Reforma por su fundamento bíblico. El Nuevo Testamento se refiere a todos los creyentes como sacerdotes (1ª. Pedro 2:5, 9; Apocalipsis 1:6, 5:10). Cuando Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rasgó (Marcos 15:38). El símbolo de división entre las personas y el sacerdote fue removido. Debido a la muerte y resurrección de Cristo, los creyentes no necesitaron más un sacerdote para hablar con Dios de parte de ellos. Los Baustistas son llamados a ser sacerdotes el uno para el otro, interceder entre ellos (1ª. Timoteo 2:1-2), y ofrecer sacrificios a Dios (Romanos 12:1).

El gobierno congregacional crece de las dos semillas provenientes de la competencia del alma y el sacerdocio de todos los creyentes. Las congregaciones baustistas toman decisiones por sí mismas. No requieren de un obispo, o sacerdote, o de una organización de iglesias externa, porque ellas como toda persona que lo pida, tiene libre acceso a Dios a través del sacrificio de Jesucristo. Los miembros de la congregación son competentes y responsables para gobernarse a sí mismos. A través de la motivación y liderazgo del Espíritu Santo, los baustistas trabajan juntos para gobernar la vida y trabajo de sus iglesias.

El gobierno congregacional y las confesiones baustistas de fe

Los baustistas han explicado el gobierno congregacional en sus confesiones de fe desde el año 1600. Los primeros baustistas repetidamente insistieron que las congregaciones locales tenían el poder de elegir sus propios pastores y diáconos. Ellos estaban reaccionando antes las iglesias patrocinadas por el gobierno que nombraba a líderes de las iglesias sin consultar a las congregaciones locales. Las primeras confesiones establecían que las iglesias tenían el poder de establecer sus disputas o disciplinar a sus miembros a su manera, antes que diferir los temas a cortes eclesiásticas externas. El punto principal fue que las iglesias baustistas sentían que debían ser independientes y libres para tomar decisiones por ellas mismas.

John Smyth escribió una confesión de fe en 1609 que habla sobre la autoridad congregacional. Smyth declaró “que la iglesia de Cristo tiene el poder para delegar en sí misma el llevar el mensaje de la palabra, administrar los sacramentos, nombrar ministros, sacarlos de sus cargos, y también tener a cargo la excomunión, pero el último recurso es para el cuerpo de la iglesia.” Básicamente la iglesia tiene el poder para compartir el evangelio, elegir sus propios ministros, y conducir la disciplina de la iglesia, sin una interferencia externa.

Thomas Helwys escribió una confesión de fe en 1611. Él explicó “que los encargados de cada iglesia o congregación son personas mayores (pastores), quienes por sus propias tareas tienen la especial misión de alimentar al rebaño en lo concerniente a sus almas, o la de los diáconos, hombres y mujeres. Más aún, Helwys sostenía que estas personas eran elegidas por “elección y aprobación de la iglesia o congregación de la cual son miembros.”

La Segunda Confesión de Londres de 1677 afirmó el Señorío de Cristo. Estableció que “el Señor Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia, en la cual por mandato del Padre, todo el poder para el llamado, institución, orden o gobierno de la iglesia le es investido.” Jesús mismo hace un llamamiento a los creyentes a seguirlo en obediencia y caminar juntos como la iglesia.

La confesión entonces reiteraba que la iglesia está facultada por Cristo para llevar adelante sus tareas en el mundo. “Para cada una de estas Iglesias así reunidas, de acuerdo a su mente, declaradas en su palabra, Él les ha dado el poder y autoridad necesarias para ejercerlas en ese orden en adoración, y disciplina, las cuales El ha instituido.” Otra vez, estos baustistas estaban trabajando sobre su política de iglesia en un tiempo en el que las iglesias estatales querían imponer límites estrictos en cómo las congregaciones podían adorar, quién podía darles el sermón, y dónde reunirse. Los baustistas querían dejar claro que las congregaciones locales deben ser libres de estos controles.

Para el 1900, los baustistas del sur de los Estados Unidos, estaban utilizando la palabra “autonomía” para explicar su compromiso a la libertad de la iglesia local. El Mensaje y Fe Bautista de 1963 de esa Convención, definió a la iglesia como un “cuerpo local de creyentes bautizados que están asociados por pacto en la fe y la hermandad del evangelio, cumpliendo con las dos leyes de Cristo, comprometidos con Sus enseñanzas, ejercitando los dones, derechos, y privilegios investidos en ellos por Su Palabra, y buscando extender el evangelio a los confines de la Tierra.”

Siguiendo con esta definición, la confesión explica la política bautista como la entienden los baustistas sureños: “Esta iglesia es un cuerpo autónomo, que opera a través de procesos democráticos bajo el señorío de Jesucristo. En tal congregación, los miembros son igualmente responsables. Y los encargados bíblicos son los pastores y diáconos.

¿Qué significa esto para la congregación bautista local?

Primero que nada, la política congregacional significa que las iglesias baustistas son independientes. Son libres de elegir sus ministros, de determinar sus propios estándares de membrecía, de organizar su adoración, de seleccionar su literatura, de determinar sus ofrendas, y de decidir sus ministerios en la forma que mejor le parezca a la congregación.

Los encargados de una congregación local consisten en el pastor y diáconos. Las congregaciones Baustistas toman decisiones concernientes a la ordenación de estas personas para el trabajo del ministerio Cristiano independiente de una autoridad externa. En otras palabras, ninguna asociación, convención, sociedad o personas toman estas decisiones para la congregación local.

Durante el proceso de ordenación, los miembros de la congregación examinan al candidato. Usualmente, esto toma la forma de una sesión de preguntas y respuestas un tiempo antes del servicio de ordenación formal. Entonces, durante un servicio de adoración, los miembros de la congregación ponen sus manos sobre el individuo y oran por él. A veces, sólo a aquellos miembros de la congregación que están ordenados se les pedirá poner sus manos sobre el candidato. Aunque esto usualmente se hace por una cuestión expeditiva (para mantener los servicios de ordenación manejables en cuanto a su duración), esto puede tal vez ser considerado una violación de la política bautista y debe ser puesto en oración y a la consideración de cada congregación.

La ordenación ofrece a la congregación la oportunidad de separar y poner a cargo a una persona para ministro y servicios. Los baustistas no son gobernados por un consejo propio de ancianos con carácter perpetuo. El cuerpo de diáconos existe para ser un cuerpo de servicio, no un consejo de directores. Cuando los diáconos vuelcan su poder sobre la iglesia, ellos ponen en riesgo el principio de la política congregacional y escandalizan los principios competentes al alma y al sacerdocio de todos los creyentes.

Como iglesias independientes, las iglesias baustistas eligen sus propios pastores para el ministerio de las congregaciones. El pastor de una congregación bautista debe dar el sermón, enseñar, amonestar, aconsejar, y motivar a la comunidad de creyentes. Sin embargo, el liderazgo del pastor no debe de ninguna manera debilitar el lugar central de la congregación en el gobierno de la iglesia. Los conceptos de liderazgo pastoral y política congregacional deben ser guardados en un delicado balance.

La historiadora de iglesias Rosalie Beck resalta que “algunos baustistas en el siglo veinte absorbieron la visión mundial de liderazgo, y los ministros se declararon a sí mismos como CEO’s (chief executive officers en inglés sigla con la que se definen a los máximos responsables en las grandes corporaciones mundiales) de sus iglesias. Los baustistas necesitan recordarse a sí mismos que aunque el pastor es el líder espiritual de la iglesia, él todavía tiene sólo un voto y no posee el poder de alterar las decisiones de la congregación. Cuando un pastor se convierte en un dictador o manipula el proceso democrático, el gobierno congregacional es violado.

Independencia también significa que cada iglesia bautista libremente determina su propia doctrina. Ninguna organización de iglesias puede imponer la posición doctrinal en una congregación local. La introducción del Mensaje y Fe Bautista de 1963 afirma que “cualquier grupo de baustistas, grande o pequeño, tiene el derecho inherente de redactar para sí mismos y publicar para el mundo una confesión de su fe en el momento en que ellos piensen que sea aconsejable hacerlo.” Más aún, “La sola autoridad de fe y práctica entre los baustistas son las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento.”

Sin embargo, la independencia puede ser mal entendida si se la entiende como un tipo de tosco individualismo. No significa que los baustistas tengan que ser una ley para ellos mismos. El historiador Walter Shurden sostiene que los “baustistas nunca quisieron que sus iglesias fueran independientes de Dios, de Cristo, o del liderazgo del Espíritu Santo o del consejo de otros Cristianos o iglesias”.

Los baustistas equilibran su independencia con una fuerte interdependencia. Las iglesias baustistas típicamente cooperan juntas para el trabajo de misiones y evangelismo. Ellas están afiliadas con asociaciones locales, convenciones estatales, y organizaciones nacionales. El Mensaje y Fe Bautista de 1963 afirma que “las personas de Cristo deben, según lo requiera la ocasión, organizar tales asociaciones y convenciones de la mejor forma de cooperación para los grandes propósitos del reino de Dios.”

No obstante, la libre cooperación de las iglesias baustistas no viola el principio de la autonomía de la iglesia local porque las acciones de las asociaciones y convenciones no están atadas a las iglesias locales. El Mensaje y Fe Bautista insiste, “Tales organizaciones no tienen autoridad una sobre la otra o sobre las iglesias. Son cuerpos voluntarios y de consejo diseñados para atraer, combinar, y dirigir las energías de nuestra gente de la manera más efectiva.” Por ejemplo, la Convención Bautista del Sur de los EEUU, no es un sinónimo de las iglesias baustistas del sur. No puede hablar por o dictaminar sobre las iglesias locales baustistas.

¿De qué forma trabaja mejor el gobierno congregacional?

• Discipulado . El gobierno congregacional se basa en la participación de los miembros: la laicidad. Debido al énfasis histórico en el sacerdocio de todos los creyentes, los baustistas han enfatizado siempre la importancia de que los miembros de la iglesia accedan al mundo como pastores, evangelistas, misioneros, maestros, ministros, siervos, y como en toda empresa, como embajadores de Cristo. Por lo tanto, es crucial para las iglesias baustistas prestan especial atención en instruir a los nuevos creyentes en la fe y en disciplinar a sus miembros de tal manera que ellos “maduren, a la medida y total estatura de Cristo” (Efesios 4:13).

• Educación . La educación cristiana es un corolario para el discipulado. El discipulado sigue a Cristo. La educación es un elemento de ese seguimiento el cual lleva a nuestra transformación. A menudo, las iglesias definen educación sólo como el estudio Bíblico, el cual es sumamente importante. Sin embargo, la educación Cristiana debe abarcar un entendimiento de ambas, el texto bíblico y cómo ese texto, se plasma en el cuerpo de Cristo, encontrando el mundo. Esto significa la historia de la iglesia, teología, y sí, la política de iglesia. Para trabajar de la mejor manera, la política congregacional requiere de una membrecía articulada, comprometida, instruida en teología y comprometida espiritualmente.

Un problema que muchas iglesias enfrentan es la falsa distinción entre cuestiones “administrativas” y “espirituales”, debido a que el gobierno de la iglesia está de alguna manera desconectado del trabajo del reino de Dios. En realidad, los problemas diarios de la iglesia –entre elegir a los diáconos y pastores, organizar el presupuesto- son temas profundamente espirituales que dará una idea de cuán bien la iglesia funciona como el cuerpo de Cristo.

• Diálogo Honesto . Continuamente escucho jóvenes baustistas preguntar, “¿Por qué no podemos llevarnos bien todos?”. A ellos no les gusta el disentimiento y el conflicto. A menudo, su solución es imitar a las ostras. Quieren esconder sus cabezas en la arena o correr hacia un lugar donde reinen la paz y la armonía. Su actitud es probablemente representativa del bautista promedio. Yo les urjo a que vean el conflicto como una oportunidad más que como un obstáculo.

Jesús nos prometió que veríamos conflicto y sufrimiento. Cuando nosotros traemos nuestra individualidad y esfuerzos juntos en la vida de la corporación, seguramente habrá diferencias. En el calor del momento, podría parecer fácil esconder el conflicto debajo de la alfombra o abdicar la decisión hacia un líder fuerte. No es un camino de alta espiritualidad ignorar el conflicto o “dejar que el pastor decida.” Ambas opciones niegan las responsabilidades que vienen al ser parte del cuerpo de Cristo.

La clave no es cómo eliminar el conflicto, sino cómo tratar con él de una manera saludable –no cómo “sonreír y llevarnos bien” sino cómo no estar de acuerdo con gracia. El gobierno congregacional funciona de la mejor manera en una atmósfera de diálogo abierto. Los miembros de la iglesia deben practicar hablar entre ellos sobre temas importantes que afecten su fe. El diálogo puede lograrse de distintas formas, asambleas administrativas, boletines de información, mesas de debate y otros métodos de comunicación son cruciales en la vida de la iglesia bautista.

Una congregación introduce temas teológicos importantes con presentaciones dramáticas e invita a los miembros a dialogar abiertamente sobre conceptos que surjan. Algunas congregaciones tienen “discusiones familiares” o “mesas de diálogo” los miércoles por la noche cuando la iglesia puede estudiar temas difíciles y discutirlos. Desafortunadamente, las reuniones administrativas de la iglesia a menudo se ponen calientes porque son las únicas vías para el diálogo abierto en la vida de la fe familiar.

Estas discusiones no deben ser libres para todos, desde ya. Eligir a un moderador sabio es extremadamente importante. Las iglesias deben adoptar un código de conducta para el discurso de sus comunidades, enfatizando virtudes tales como respeto, generosidad, amabilidad, compasión y consideración. La comunidad no debe tolerar los sarcasmos o crueldad cuando se reúna la familia de Dios. Todo deberá ponerse en oración. Ser cristiano no significa que paremos de pensar, hablar o incluso no estar de acuerdo. Significa que nosotros nos conducimos de una manera acorde al evangelio de Cristo.

El gobierno congregacional significa que no podemos abdicar nuestra responsabilidad personal ante Dios para preocuparnos o participar en la vida de la iglesia. Debemos volcar nuestros corazones y mentes a los temas que nos enfrentamos. Debemos movernos desde la leche a la carne. La iglesia debe seguir el diseño de Israel quien “lucha con Dios.”

La libertad de la iglesia local trae consigo responsabilidad. Nosotros somos el cuerpo de Cristo. Debemos mostrar Cristo al mundo. La bendición y el curso del gobierno congregacional es que la iglesia local es únicamente poderosa como será la pasión de su gente, su visión tan grande y de tal alcance como la mirada de sus miembros. La libertad congregacional conlleva un potencial tremendo el cual se apoya sobre la noción radical que los individuos creyentes serán hechos a la imagen de Cristo.

Este material fue publicado por la Baptist History and Heritage Society y el William H. Whitsitt Baptist Heritage Society

© Iglesia Evangélica Bautista del Once - Ecuador 370 - Capital Federal - Argentina - info@ibonce.org.ar - (54 11) 4861-0448