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Editoriales
LA LIBERTAD RELIGIOSA Y
LA SOCIEDAD PLURAL DE AMERICA LATINA

por Raúl Scialabba, Argentina
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La América Latina de inicios del siglo XXI se muestra plural no sólo en el aspecto cultural, sino también en el religioso.

Actualmente no existe la hegemonía que históricamente tenía la Iglesia Católica y se aprecia, en este campo, un creciente pluralismo, pero el ordenamiento jurídico en distintos países, reconoce cuando lo hace, a las confesiones religiosas no católicas como personas de derecho público o como asociaciones civiles, lo que niega la mayoría de las veces el principio de igualdad de oportunidades, soslayando la libertad religiosa.

Una aspiración a la que nunca renunciaron ni renunciarán las iglesias evangélicas, es a construir un régimen de igualdad religiosa en la región y para ello creen que es indispensable fortalecer en cada país el proceso de democratización de la sociedad, pues está relacionado con la justicia, el pluralismo, la comprensión y la coexistencia de diversas corrientes de pensamiento, opinión y religión.

También hace falta establecer claramente la no confesionalidad del Estado (laicidad).

Sólo un Estado no confesional puede garantizar en forma efectiva que nadie sea discriminado en virtud de sus creencias.

Asimismo se necesita construir una cultura de libertad religiosa. Esto significa que el problema de la discriminación religiosa, no es sólo de naturaleza jurídica sino también de educación y cultura.

Las reformas de los regímenes constitucionales a través de los años en los distintos países, en lo que respecta a la relación entre el Estado y las confesiones religiosas, confirma que el proceso ha sido y continúa siendo largo y difícil, como toda conquista de derechos.

En este marco, la conducta social de las iglesias evangélicas no ha sido uniforme. Por un lado, es posible identificar esfuerzos orientados principalmente a lograr que las autoridades políticas reconocieran derechos individuales como los de la libertad de conciencia y de religión para todos.

Este comportamiento de los evangélicos se explica por su condición de minorías religiosas que buscan legitimar su presencia en la sociedades.

Por otro lado, la conducta de las iglesias evangélicas en este campo ha estado condicionada por la aspiración a acceder a los mismos privilegios que la Iglesia Católica ha recibido y recibe de parte de los Estados: subsidios, aportes, etc. Para las iglesias evangélicas en ciertos países latinoamericanos, el problema se resuelve con la modificación de algún artículo de la Constitución o en la legislación.

En cambio en otros países las iglesias paulatinamente se han involucrado en la lucha por la libertad religiosa desde la perspectiva de la conciencia ciudadana.

La igualdad religiosa es, por tanto, una cuestión de igualdad de oportunidades y de ejercicio de derechos y responsabilidades individuales y sociales, tratándose no sólo de modificar un ordenamiento jurídico, sino también de construir una cultura democrática.

Finalmente, hay otro sector que, especialmente los últimos años, plantea la igualdad religiosa desde una perspectiva "constantiniana", condicionada, acaso, por el crecimiento cuantitativo de las iglesias. La lucha por la igualdad religiosa se convierte por lo tanto, en un asunto de medición de fuerzas o de reparto del poder. Este sector dice haber sido llamado "para ser cabeza de león y no cola de ratón", lo cual está en línea la mayoría de los casos, con el estilo carismático de liderazgo de sus comunidades.

ANALISIS HISTORICO Al trazar la historia de esta lucha, podemos señalar un común denominador ya que en la mayoría de los países, políticamente para los sectores liberales la tolerancia de cultos, fue el caballo de batalla a lo largo del siglo XIX. Liberales, radicales y anticlericales supieron aprovechar el drama particular de los protestantes.

Las constituciones después del proceso independentista establecían: que las nuevas naciones profesaban la religión católica, apostólica y romana. El estado la protegía y no permitía el ejercicio público de otra alguna. Sin embargo, algunas, distinguían entre el ejercicio público y privado, de lo que se infería que el ejercicio privado sí estaba permitido.

Sin embargo, no regulaban el ejercicio de reunión, por lo tanto no había amparo constitucional para el ejercicio público de una confesión no católica.

Sucesivas reformas ya avanzado el siglo XX muestran cambios constitucionales donde respetando los sentimientos de la mayoría nacional, el Estado protege la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Asimismo, reconociendo expresamente que las demás religiones gozan de libertad para el ejercicio de sus respectivos cultos.

Pero falta un derecho complementario: la libertad de expresión que permite que una confesión religiosa difunda su pensamiento y pueda lograr adherentes.

En otros textos se garantiza expresamente el ejercicio de toda confesión. Se señala que es un derecho la libertad de conciencia y religión, en forma individual y asociada, la no persecución por creencias y la libertad del ejercicio público de las confesiones, salvo que ofenda a la moral o altere el orden público.

A partir de este tipo de reformas las relaciones Estado e Iglesia se modifican sustancialmente. Hay países donde ya no existe protección de la Iglesia Católica, sino colaboración; ya no se la reconoce como religión de la nación ni como religión de la mayoría nacional, sino como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral. Se establece de este modo la separación de ambos entes.

El reconocer que el Estado puede tener formas de colaboración con otras confesiones, a su vez implica el reconocimiento del arraigo social de las confesiones no católicas, sin el cual no sería factible la colaboración del Estado.

Si bien este reconocimiento no satisface las aspiraciones de las iglesias evangélicas, da un paso adelante al expresar que el Estado reconoce y respeta a todas las confesiones religiosas y establece formas de cooperación con ellas.

Evidentemente, en la perspectiva de un régimen de igualdad religiosa, las Constituciones a nuestro entender, deberían expresar con toda claridad el carácter de un Estado no confesional, laico. Pero también debemos ser conscientes de que en consideración a las posibilidades reales este régimen deberá ser construido en un proceso de comprensión amplio.

RELACION ESTADO - CONFESIONES RELIGIOSAS EN AMERICA LATINA Set.03

Reconocen a la ICR como religión Del Estado: COSTA RICA Y BOLIVIA Mención especial de la ICR en Sus constituciones: ARGENTINA, PARAGUAY Y PERU No sostiene religión alguna: URUGUAY No hacen referencia en sus Constituciones a religión alguna ECUADOR y VENEZUELA Con un esquema aconfesional: BRASIL, CHILE y COLOMBIA

* Raul Scialabba es vicepresidente de CALIR (Consejo Argentino para la Libertad Religiosa)

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