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Devocionales
¡Tengamos Esperanza! - por Stuart McAllister
«... Echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, que penetra hasta detrás del velo del santuario.»

Hebreos 6:18-19 - Reina Valera

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"La esperanza es el anhelo más profundo del corazón", dice David Aikman. La noción de esperanza, como sucede hoy con muchas palabras, necesita ser clarificada. Con frecuencia se toma a la palabra esperanza como sinónimo de deseo. Usamos este término para definir un vago anhelo por algo que deseamos pero que difícilmente podremos obtener. Esperamos que nuestros problemas desaparezcan, que las cuentas de nuestro banco se multipliquen y que nuestros hijos se vuelvan perfectos.

Sin embargo, La Biblia define a la esperanza como algo más robusto que un deseo, algo más firme y seguro que un vago anhelo. Conlleva la idea de un cumplimiento demorado pero garantizado. Es aquella clase de seguridad de que algo está en movimiento y, a su debido tiempo, llegará a buen término. El granjero siembra con la esperanza de que la semilla, cuando muera, producirá una cosecha segura. De igual manera, las Escrituras basan el concepto de esperanza en lo que Dios es, lo que Dios ha hecho, y lo que Él ha prometido.

En el medio cultural de los tiempos Neotestamentarios, el Evangelio resplandeció con un poder y una fuerza que desafió las cosmovisiones de ese entonces e irrumpió en la escena con una visión de la vida que transformó al mundo. En esencia, el Evangelio es un mensaje y un camino de esperanza. Por lo tanto, es imperativo que exploremos la naturaleza de la esperanza y nos aboquemos a nutrir nuestra vida con esa esperanza.

El apóstol Pablo y muchos otros escritores del Nuevo Testamento describen a Dios como "el Dios de esperanza". La palabra "esperanza" se usa 85 veces en el Nuevo Testamento, y a través de las Escrituras se enfatiza repetidamente el concepto de que esa relación hacia Dios y con Dios es el fundamento final de la esperanza. En Romanos 8 Pablo declara: "Porque en esa esperanza fuimos salvados. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito" (8:24, 28). El apóstol nos enseña que debemos basarnos en la seguridad de la esperanza y en la necesidad de esperar. El fin va a llegar, pero hasta que llegue estaremos confiando en Dios y apoyándonos en el Espíritu Santo y sus promesas.

Los efectos de la modernidad y la secularización se perciben claramente en nuestra incapacidad para ver más allá del presente, para pensar fuera de nuestras propias circunstancias, o para confiar en Dios para nuestro sustento o para los cambios que debemos efectuar. Esta vida, este mundo, -el aquí y ahora- vienen para determinar y controlar nuestros enfoques, nuestros deseos, y nuestras preocupaciones. Pablo pone nuestra vida terrenal junto a los propósitos eternos que nos aclaran todo lo que hacemos y lo que somos. ¿Qué significa ser personas esperanzadas? Significa cultivar una perspectiva eterna, tener la capacidad de ver a Dios en medio de las pruebas, perseverar frente a la desesperación y las presiones.

El punto no es subvalorar la vida en este mundo, sino ponerla en su contexto correcto. Las aflicciones deben considerarse a la luz de la eternidad. Nuestras esperanzas y expectativas están cimentadas en una realidad más grande y final, real y transformadora. Las aflicciones no son menos reales, ni son menos importantes o menos dolorosas, pero tienen un alcance y unas posibilidades limitadas, porque sabemos que ellas pasarán.

Las tres columnas sobre las que se asienta la vida Cristiana son la fe, la esperanza y el amor. Tristemente, con frecuencia enfatizamos la fe y el amor pero ignoramos o descuidamos la esperanza. Sin embargo, la esperanza es esencial y firme. El autor de Hebreos proclamó, "Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario" (6:19). La esperanza Cristiana es contagiosa; es real, y puede ser una señal valiosa para un mundo lleno de esperanzas vanas o sin ninguna esperanza. Por lo tanto, sean fuertes, y anímense todos los que esperan en el SEÑOR.

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